Retos y dudas sobre el negocio de EPM en Afinia

Desde el pasado 1 de octubre, la Superintendencia de Servicios Públicos traspasó la propiedad de Electricaribe a dos compañías nuevas: Air-E (Caribe Sol) y Afinia (Caribe Mar), que se quedaron con el servicio de electricidad en la Costa Caribe.

Afinia, la nueva prestadora del servicio de electricidad en Córdoba, Sucre, Bolívar, Cesar y 10 municipios de Magdalena, es propiedad de EPM. Es decir: patrimonio público de todos los medellinenses. Desde ese momento la nueva empresa se convirtió en la quinta filial de energía eléctrica en Colombia y la octava en Latinoamérica del grupo que tiene su centro de operaciones en el edificio Inteligente.

Con Afinia, EPM se hizo al control del 23% del mercado de distribución eléctrica de Colombia y se consolidó como la empresa de referencia del país en el sector eléctrico[1]. Con esta transacción, valorada en $314,000 millones[2], EPM aumentó en 1,51 millones -un 22,3%- el número de usuarios que atiende, así como en 27,835 km – un 10,8% – las redes eléctricas de su propiedad[3].

La creación de Afinia también implicó compromisos con el estado colombiano. La nueva compañía deberá invertir en infraestructura para mejorar el servicio, al menos, $3,2 billones en los próximos cuatro años y $5 billones hasta 2029.

(Lea aquí Las cifras que no mienten sobre los morosos de EPM)

Para dimensionar un poco la inversión de EPM, vale decir que con $5 billones se podrían construir cinco obras como el Túnel de Oriente o quince estructuras como el metrocable de Picacho. La magnitud de la adquisición de Afinia hace que desde Todos por Medellín revisemos algunas consideraciones operativas y financieras de la compañía. Aquí están a disposición de la ciudadanía:

Lo primero es que hay datos operativos preocupantes. Durante 2019, el SAIDI (tiempo total promedio de interrupción por usuario en un año) de los usuarios de Caribe Mar fue 91 horas, lo cual es 525% mayor al SAIDI de los usuarios del Grupo EPM (15,5 horas) en otras zonas del país. Es decir que en el Caribe colombiano se va, en promedio, cinco veces más la luz al año que en las otras regiones donde opera EPM.

No solo es tiempo, también es cantidad de interrupciones. El SAIFI (frecuencia media de interrupción por usuario en un año) en 2019 de los usuarios de Caribe Mar fue de 102 interrupciones anuales, lo cual es 1299% mayor al SAIFI de los usuarios del Grupo EPM (7,29 interrupciones).

Es decir que el año pasado, mientras un cliente promedio en Valledupar se quedaba sin luz 102 veces al año, uno en Medellín solo sufrió entre 7 y 8 suspensiones del servicio en el mismo lapso.

(Lea aquí La cotrarreloj para que no se suspendan las obras en Hidroituango)

De hecho las proyecciones de mejora operativa de EPM con Afinia son austeras de aquí al 2029. Para lograr las modestas mejoras, la empresa se comprometió con la Superintendencia de Servicios Públicos a acometer, grosso modo, los siguientes trabajos[4]:

1. Construir 10 subestaciones eléctricas adicionales, ampliar 44 subestaciones existentes y 84 circuitos.

2. Reemplazar 80 transformadores de potencia e incorporar 13,000 transformadores de distribución, reponiendo 5,000 existentes.

3. Reemplazar el 20% de la red de distribución, construir un nuevo centro de control e instalar medidores inteligentes en al menos 600.000 hogares.

Otro aspecto que nos preocupa es que Afinia ha hecho declaraciones erráticas respecto al monto de las inversiones necesarias para los próximos 10 años. Entre marzo y octubre de 2020, la inversión necesaria, declarada públicamente por Afinia, aumentó de $5 a $10 billones. $5 billones más es una cifra astronómica que equivale al 80 % del presupuesto total que tuvo Medellín en este 2020.

Teniendo en cuenta lo anterior, Todos por Medellín resalta que el Grupo EPM debe presentar rápidamente no sólo un detallado plan de inversiones para Afinia que clarifique el monto de las inversiones a llevar a cabo durante la próxima década, sino además una hoja de ruta que haga viables, verificables y explícitos los compromisos de mejora operativos adquiridos, toda vez que estas inversiones son con recursos públicos.

También nos llama la atención el monto de las pérdidas eléctricas técnicas y sociales que hasta 2019 presentó Caribe Mar y en las que actualmente estaría incurriendo Afinia (y por ende el Grupo EPM). De acuerdo con cálculos propios, las pérdidas técnicas[i] y sociales[ii] de Caribe Mar representan anualmente $708,000 millones y equivalen al 21% del consumo de toda su red de energía eléctrica.

El reto de Afinia en este caso es doble: invertir en las subestaciones, líneas de distribución y demás para disminuir las pérdidas técnicas y lograr un servicio más eficiente y, por otro lado, mitigar las pérdidas sociales al brindar confianza a los usuarios para aminorar las conexiones ilegales con los riesgos que esto conlleva.

A eso se suma la alta tasa de impago en la región donde opera Afinia: los datos del 2019 daban cuenta de que 13 de cada 100 clientes facturados no pagaban la cuenta de servicios públicos. Para lograr el punto de equilibrio la empresa necesita que, por lo menos, esa tasa de impago baje del 13 al 6 %. 

Toda esta información hace evidente que la operación de Afinia en el Caribe agrega nuevos retos al grupo EPM, toda vez que la situación operativa y financiera de la compañía adquirida es desafiante. Si a esto se le suma Hidroituango, que avanza, aunque le faltarían cerca de cinco años para su operación completa, Afinia es un segundo gran reto con patrimonio público que EPM debe sacar adelante.

Como conclusión,  Todos por Medellín hace un llamado al Grupo EPM a que revise detenidamente las acciones necesarias para mejorar la situación de Afinia e invita a que estas acciones de mejora se hagan explícitas para que todos los grupos de interés de EPM, entre quienes se encuentran los ciudadanos de Medellín, entiendan el panorama de la compañía para la próxima década. 

Lo público es de todos, Todos por Medellín.


[i] Pérdidas técnicas: Se refieren a la energía eléctrica que se pierde a través de las líneas de transmisión y distribución. Son inherentes al transporte de la electricidad, y se asocian de manera significativa a las características de la infraestructura de los sistemas de energía.

[ii] Pérdidas sociales: también llamada pérdidas no-técnicas. Se refieren a la electricidad entregada pero no pagada por los usuarios, situación que se traduce en pérdidas financieras directas para el proveedor de energía.


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